Nuria Sala

MI HISTORIA

Cuando era pequeña soñaba con grandes cosas, soñaba con poder tener todo aquello que quisiera y ser feliz. En muchas ocasiones sentía algo diferente en mí, podía ver lo que ocurría en un futuro. Presentía que no estaba sola.  Siempre he querido tener muchos amigos y que ellos jugaran conmigo. A veces tenía que llamar la atención para que mi hicieran caso, y es que nunca tuve la certeza de que me amaran.

Mi profesora del colegio, en una ocasión, les dijo a mis padres:

“Nuria es muy lista, tiene un buen coeficiente intelectual, pero no le da la gana de hacer las cosas”.

En pocas palabras, mi maestra me llamo “vaga” o “floja”. Ahí recibí una de tantas etiquetas impuestas por otras personas y además sin saber realmente el motivo que me llevaba a ser como era. Me sentía completamente fuera de lugar.

Es como si yo no perteneciera al mundo de los demás.

¿Te suena eso? Pues imagínate yo que veía cosas “distintas”…

 

Con veinte años, recuerdo despertar un domingo por la mañana, aún en la cama y bostezando, vi a mi abuelo a los pies de mi cama. Os preguntaréis y ¿qué hay de extraño que un abuelo se siente a velar a su nieta a los pies de su cama? ¡Nada! No hay nada de extraño que estuviera allí. Sólo que hacía muchos años que no lo veía, falleció cuando yo tenía apenas unos 10 años.

 

Así que ¿cómo podía ser que yo estuviera viendo a mi abuelo allí sentado con su sonrisa sin dientes? ¿Por qué no fui capaz de abrir la boca ni moverme? Tan sólo podía parpadear. Así que del miedo tan grande que me invadió por todo mi cuerpo solo pude cerrar los ojos con todas mis fuerzas. Cuando volví a abrirlos había desaparecido.

En ese instante descubrí que tenía un don.

Más tarde descubriría a los guías espirituales, los seres que nos acompañan desde que nacemos hasta que morimos.

MI REDESCUBRIMIENTO

Unos años más tarde de ese contacto con mi abuelo, volví a mi tierra. en una ciudad de la provincia de Barcelona, me instalé de nuevo con mi familia y empecé a trabajar en una fábrica donde ya había trabajado.  Para esa época pensaba que solo podía optar en trabajar en fábricas ya que sólo tenía el título de auxiliar administrativo y ese puesto me aburría y lo detestaba.

Al fin encontré un trabajo bastante ameno y distraído de auxiliar administrativo en una autoescuela en la cual optaba por entrar más adelante como profesora que era mi sueño en ese momento y estaba preparándome para obtener el título. En esa época estaba saliendo con un chico que pasaría a ser mi marido al poco tiempo.

Ahora tenía lo que siempre había soñado.

Un trabajo fijo, con un sueldo fijo todos los meses, que aunque no fuera una gran cantidad para mí ya estaba bien, porque tenía mi marido que él ganaba muchísimo más que yo, una casa, todas las cosas que necesitaba, viajes y todo lo que me apeteciera.

Pero en el fondo empecé a sentir un vacío muy grande y desear lo que otras personas tenían. Veía que otras personas eran más felices que yo y eso me entristecía. Y entonces fue cuando empecé a sentir que toda mi vida no tenía sentido. Me di cuenta de que realmente tenía muchas carencias.

Había construido sobre tierras movedizas.

Iba a una masajista hacerme masaje de espalda pues los dolores eran incesantes y muy profundos. Pasó a ser mi maestra de Reiki y con ella descubrí todas las razones por las que yo había vivido todo lo que viví y las lecciones que aprendí. Con ella tuve mi despertar.

MI CAMINO HACIA LA ESPIRITUALIDAD

Decidí divorciarme para encontrar mi camino, me sentía completamente perdida. Así fue como me adentré en la espiritualidad.

Continué trabajando en la autoescuela mientras aprendía todas las enseñanzas del Reiki e iba practicando sus técnicas.

Los dolores de espalda no era lo único que me preocupaba en mi salud, pues siempre he tenido desde muy pequeña infecciones, problemas en los huesos, en la sangre, en los oídos y un largo etcétera. Algunas de esas enfermedades eran más graves e incluso me tuvieron que extirpar varios bultos a lo largo de mi vida.

Pero eso no era sólo lo que me hacía infeliz…

El trabajo que tenía no era el que yo había soñado ni siquiera se parecía, tan sólo en poder atender a las personas. Cuanto más iba profundizando en la espiritualidad más sentía que era mi camino. Pronto empecé a notar la escasez económica y no tardé en descubrir que mi vocación era ser terapeuta.

Creía que lo tenía todo, pero realmente no era feliz; se vio afectada mi salud, mi economía y mis relaciones. Y no sólo las sentimentales si no las amistades.

Así que llegó el momento en el que me despidieron de la autoescuela y decidí montar mi propio negocio. Ubicado en un pueblo cercano de la ciudad donde vivía, un pequeño local pero muy bien condicionado para lo que necesitaba.

Durante los años que estuve en la autoescuela no solo aprendí Reiki, sino que también obtuve el título de estética integral y de masajista. Así que cuando monté mi negocio opté por ofrecer todos los servicios posibles con todo lo que había aprendido.

Mi negocio fracasó y tuve que cerrar. ¿Qué pasó? Sencillamente que aún seguía dando tumbos sin rumbo; no me focalicé en mi propósito, relaciones que no eran sanas y toda una serie de experiencias desencadenadas del pasado.

Mi profesión como terapeuta holística es muy gratificante y todo lo que hago me fascina, pero realmente mi misión de vida va enfocada a la sanación, a la canalización y propósito de vida, es decir, mi misión es que encuentres TU DON.

Aprendí que debía sanar todo mi pasado y todo lo que había sucedido cuando era apenas una adolescente. Sí, quise tapar con esa felicidad falsa y esconder algo terrible que me pasó hace ya 20 años y que me ha costado mucho no sólo entender, sino sanar. Pero mi alma me hablaba a gritos y al fin la he escuchado.

ALGO HORRIBLE QUE CAMBIO MI VIDA

Cuando aún no tenía los 15 años conocí a un chico de 16 años, fue mi primer novio, mi primer amor y mi gran maestro. Con él pasé mis años de juventud, de adolescencia. Con él pasé mis más dolorosos años de mi vida.

La relación con él al principio fue muy bonita. Pronto se desvanecería ese sueño. Empezaron los empujones y los insultos. Un tiempo después me vi envuelta en una relación dañina y poco sana.

Poco tiempo después iría a más. Fui presa en aquel lugar donde yo llamaba hogar. Ya estaba desestructurado porque justo cuando yo empecé con él, mis padres se separaron. Fue todo muy doloroso porque tuve que irme a vivir con mi padre por ser la mayor de mis hermanas y así lo decidieron.

En el cole empecé a tener muchos conflictos; muchos compañeros de clase se burlaban de mí, tenía malas notas y siempre me daban de lado, me excluían y no me invitaban a las fiestas de cumpleaños. Yo intentaba llamar la atención tanto como podía, no me sentía querida.

Para esa época mi madre estaba con una depresión muy grande. Poco después se separarían mis padres y los abusos aumentaron; mis compañeros, en el instituto, me acosarían y mi pareja empezaría a maltratarme.

Las peores consecuencias que puedes tener, es dejar que todo pase sin hacer nada.

He estado 20 años de mi vida culpándome por tomar la decisión más dura de mi vida. Tuve que elegir entre mi vida y la vida de mi hijo. Sí, así de duro y así de doloroso fue. Fruto de esos abusos me quedé embarazada. No sabía qué hacer, pero lo que sí tenía claro era que sus intenciones no eran buenas. Nos esperaba a mí y mi hijo el peor futuro de nuestras vidas.

 

Se necesita mucho valor para
tomar decisiones muy duras.
Pero si se te presentan en tu vida,
es que debes ser valiente.

He estado durante 20 años de mi vida en juzgándome y ser dura conmigo misma.

Después de pasar por el evento más impresionante de mi vida, pude perdonarme y pude entender por qué me pasó todo lo que me pasó y todas las decisiones que tuve que afrontar yo sola.

En el evento se hicieron varias meditaciones y una de ellas fue conectar con nuestro niño interior y ahí fue cuando conecté con el alma de mi hijo no nacido y él me dijo que su misión fue precisamente la que se llevó a cabo.

Me dijo que vino con la misión de que yo tomara, por una vez en mi vida, la decisión de pensar en mí, de mi voluntad, de mi felicidad.

Pocos días después y volviendo a escuchar la canción de la meditación y con un dolor desgarrador pude terminar de sanar las heridas. Le escribí una carta de perdón y él me contestó. Pude canalizar su respuesta y le hice una promesa; daría mi testimonio a miles de personas para que pudiera ayudar a todas esas personas que pudieran pasar por mí misma situación o parecida.

Nuestra alma busca siempre el equilibrio y cuando no lo tiene intenta restablecerlo.

CUMPLIENDO CON MI PROMESA

A casi 40 días después del evento más impactante de mi vida, tomé la decisión de cumplir con mi promesa, la que le hice a mi hijo. Recibí un mensaje con la canción de esa meditación y ahí fue cuando sentí la llamada de que debía explicar mi historia en este libro.

No solo estoy aquí, contándote a ti y todas las personas que leerán este libro, mi testimonio tan duro sino, que además, tengo la intención de dar mi testimonio a millones de personas más. Quizás eventos, conferencias o talleres, no importa. Mi misión es que llegue este mensaje a todo el mundo.

Y de verdad me gustaría llegar a más personas que estén pasando por esto para que sean valientes. Pero no sólo para que sean felices y sanen su alma sino que para que entiendan de verdad  “por qué” han pasado o están pasando esta experiencia tan dolorosa.

Todo, absolutamente todo lo que nos sucede lo hemos planeado antes de nacer.

Y según esos pactos así experimentamos.

Por eso influye en las decisiones que tomamos y todo lo que atraemos a nuestra vida.

Así que, después de mucho posponer este delicado testimonio y tras sanar de manera tan brutal, de haber escrito aquella carta a mi hijo no nacido y él contestarme, decidí que era el momento, otra vez, de ser la mujer más valiente del Universo.

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